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Tu nombre, dulce Perito en Lunas,
urgencia de Rosa de los Versos
deseo de guitarras en el viento.
Cuando a Federico le arrancaron la boca,
le fusilaron el corazón de luz,
desalaron su alondra enamorada,
tú, Miguel, trepado a los andamios
venías a coronar el canto de los hombres.
Tú entre nosotros poema enarbolado.
Ay Pablo, Vicente, Rafael, Josefina...
dónde ha ido?
Nunca tan joven se muere un poeta.
En su canto, puño de brote incesante,
multiplicaba la luz
y la rosa en medio del salitre.
Te necesitamos,
que cercados por masacres, mordeduras
del odio y de la infamia
nos falta la palabra.
Ay compañero
no pudo la cárcel con tu boca alada,
con tu corazón de pájaros,
no pudo
con tu aurora abecedaria!
No es en Alicante donde yaces.
No yaces Miguel.
Ahora lates
riendo con tus hermanos Fenoll y Sijé,
reviviendo tahonas y cuartillas,
multiplicando el rumor de las lecturas
y a la misma hora desandando silbos
en calles y praderas, altas madreselvas,
soliloquios lunares,
infantiles risas trepadas a los árboles.
Y corres como viento del pueblo
y acechando en su corriente cantas.
Hombre que acecha muertes
y otros imposibles.
No yaces Miguel.
No yaces,
en los pueblos vibran tus tañidos
llamando a las herramientas del alma.
Aquí, ahora, relámpago incesante,
ensanchas el aire en las gargantas.
Llevas de una boca a la otra las palabras
como un rojo rebaño de solar sustancia.
(De "Celebración de Miguel Hernández, y otros poemas", poesía, inédito
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